08/02/2026
Pensemos en esto por un momento: el pan nos acompaña todos los días, pero detrás de cada pan hay personas, oficio, cultura, y un montón de horas de trabajo que casi nunca se ven.
Por eso, cuando hablamos de que Venezuela participa en el Mondial du Pain, no estamos hablando solo de “una competencia en Francia”. Estamos hablando de una oportunidad para formar una nueva generación de panaderos que eleve la panadería venezolana, para compartir nuestros sabores, para compartir nuestro gusto y para abrir un camino de intercambio cultural que nos enriquece.
Si a mí me preguntan cuál es el mayor beneficio del Mondial du Pain, yo lo digo sin dudar: la formación.
Porque para llegar a una competencia así, toca hacer cosas que construyen futuro:
Aprender a trabajar con método y prácticas profesionalizadas.
Recordemos que la Panadería en Venezuela es un oficio. En Francia por ejemplo, es una profesión y hay programas de formación profesional en Panadería que toman dos años.
Allá existe, por ejemplo, el CAP Boulanger (Certificat d’Aptitude Professionnelle/Certificado de aptitud profesional): un diploma profesional de base, de dos años, donde se aprende a hacer pan, organizar la producción y aplicar normas de higiene con rigor.
Y eso es justamente lo que necesitamos en Venezuela, programas de formación profesional en Panadería. Este contacto con la organización es justamente lo que necesitamos para entender nuestra situación actual y trabajar en las brechas.
No se trata de “copiar lo europeo”. Se trata de aprender lo mejor del mundo y decir: “ok, ¿cómo lo adaptamos a nuestra realidad y lo convertimos en algo venezolano, con nuestra identidad, a nuestra manera, a nuestro gusto?”
Cuando un equipo se prepara, no solo se prepara para competir. Se prepara para enseñar. Uno de los principios rectores es la transmisión del Saber Hacer, lo que ellos llaman la transmisión del Savoir Faire.
Otra cosa hermosa del Mondial es que te obliga a responder una pregunta:
¿Qué sabe a Venezuela?
Y ahí es donde nuestro país tiene muchísimo que decir.
Venezuela no es un solo sabor. Venezuela es:
Participar nos empuja a hacer algo muy valioso: traducir nuestros sabores a un lenguaje internacional, sin perder el alma.
Eso significa tomar un sabor nuestro —un ají, un papelón, una especia, un cacao, un maíz— y trabajarlo con técnica, con equilibrio, con respeto por el producto, con respeto al consumidor y con una presentación digna de un escenario mundial.
Y esto tiene un impacto directo: cuando volvemos, esas ideas se convierten en productos nuevos, en mejores panes y en clientes que empiezan a decir: “oye, esto es diferente… esto es nuestro, pero a otro nivel”.
En el Mondial du Pain pasan dos cosas al mismo tiempo:
Ese intercambio cultural es oro.
Porque en panadería uno nunca termina de aprender. Y cuando compartes con equipos de otros lugares, te das cuenta de:
Pero también ocurre lo contrario: el mundo descubre que Venezuela tiene talento, creatividad y resiliencia. Descubre que aquí se trabaja con pasión, con ingenio y con ganas de hacerlo bien, incluso cuando no tenemos todas las facilidades.
Ese respeto que se gana con trabajo abre puertas: conexiones, invitaciones, amistades profesionales, y oportunidades para que nuestra panadería sea tomada en serio.
Yo quiero cerrar con esto:
Que Venezuela participe en el Mondial du Pain no es un “evento”. Es un camino.
Un camino para:
Si logramos que esto se mantenga en el tiempo —con entrenamiento, con selección nacional, con apoyo y con comunidad— entonces el beneficio no dura días: dura años.